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Cuando liderar ya no es suficiente: el viaje del malabarista

Ayer jueves tuve una agradable conversación -que rematamos durante la comida- con un Director de Innovación de una corporación vasca de reconocido renombre. Entre otras cosas estuvimos conversando sobre el liderazgo e innovación.
De vuelta a mi  oficina estuve conectando con el contenido de nuestra charla. Inferí y proyecté de sus palabras que (como muchos de los que tenemos o hemos tenido responsabilidades a la hora de gestionar a otros), él mismo ha aprendido a ser un líder competente haciendo, probando, fracasando, por ensayo y error. Me lo imagino viajando como un héroe,  desde el País de la Inconsciencia más Incompetente al de la Ambición de Superar esas Incompetencias, convirtiéndose en un líder en permanente aprendizaje y descubrimiento.

Tras un duro camino y trabajo personal con humildad y ambición,  un día, el gestor resurge convertido en líder, en anfitrión, en coach. Mi interlocutor coincidía en que la dirección de recursos humanos, por el ordeno y mando, la gestión de la “mano de obra”, el enfoque más tradicional aún no está obsoleto. Y sin embargo, que en este cambio de época, de contextos globales, cambiantes y complejos se hace inevitable:
  • un cambio hacia estilos de liderazgo que dan más importancia al proceso y al aprendizaje y,
  • tender a enfoques más participativos (y no sólo estéticamente participativos).
Todo ello supone evidentemente mucho más que cambiarle el nombre al Área de RRHH por otro más prometedor pero incoherentes (consciente o inconscientemente) con las actividades, sistemas y rutinas que se promueven. Supone un importante cambio cultural.

Los líderes más que nunca tienen que estar haciendo malabares. La jefa de mi jefe habla de la búsqueda del equilibrio entre el corto y el largo plazo. Desde mi paradigma añado que el equilibrio también habrá que buscarlo entre:
  • la continuidad y la innovación,
  • entre la producción y la exploración y,
  • entre las hazañas (tareas) y la capacidad de desarrollar (y conectar) a sus seguidores.
Ya que “jefar” no está de moda y gestionar tampoco es suficiente, me pregunto si quizá tampoco lo sea liderar “mente de obra”. Me explico. Se visualiza que los líderes de este cambio de época están llamados a ir más allá de las fronteras de sus equipos, departamentos, organizaciones y sectores. Aún con más actitud, ambición y humildad. A través de un liderazgo integral, tienen que facilitar y ser los anfitriones del cambio y la transformación social necesarios para que salgamos globalmente reforzados de este tiempo de incertidumbre y de oportunidades. Es una gran responsabilidad y un reto que facilitará sin duda el desarrollo de un nuevo mundo de posibilidades aún por descubrir.

Para poder responder a los retos más grandes de nuestros tiempos rescato como colofón unas palabras del siempre genial Otto Scharmer:
“los líderes van a tener que avanzar de las respuestas reactivas y soluciones rápidas a un nivel sintomático (ámbitos personal y de grupo) a respuestas generativas que aborden la raíz sistémica de los problemas (ámbito institucional, y global) es el desafío mas importante del liderazgo de nuestro tiempo”.
¡Feliz viernes!
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*La viñeta es del Roto
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