Felicidad, patos y lecciones contra la crisis (3/3)
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Fotografía Autoría Propia |
Cyrulnik se caracteriza por su capacidad de obervar el entorno social con ojo muy crítico, fue salvado del genocidio nazi y huérfano desde los seis años. Su atinada y esperanzada palabra en "Los patitos feos: la resilencia (una infancia infeliz no determina la vida)" se ha convertido en una tesis de obligada lectura y reflexión para la mayoría de sus homólogos incluso en su cartesiano país de origen.
La palabra resilencia viene del latín y se refiere a la capacidad que tienen los metales para volver a su estado original después de someterse a una presión. En el caso de las personas, salimos transformadas.
El proceso resiliente es parecido a la creación de una perla dentro de una ostra. Cuando un granito de arena entra en su interior y la agrede, la ostra segrega nácar para defenderse y, como resultado, crea una joya brillante y preciosa.
Comentarios
Un saludo.
La palabra, que viene del latín resalire (re saltar), surgió en inglés y pasó a la psicología en los años sesenta, con Emmy Werner. Esta psicóloga americana evaluó en Hawai a evaluar el desarrollo de los niños que no tenían escuela ni familia, y que vivían en una gran miseria expuestos a enfermedades y a violencia. Los siguió durante 30 años, y, transcurrido ese plazo, 30% de ellos sabía leer y escribir, había aprendido un oficio y fundado una familia; 70% se encontraba en un estado lamentable.
Salu2