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Coaching para el desarrollo de personas y equipos. 1ª parte: “Donde no hay mata no hay patata”

Es de Perogrullo concluir que la complejidad de las nuevas situaciones laborales, este cambio de época en el que estamos inmersos, exige más que nunca de las personas que ejercen labores directivas que desarrollen un mayor autoliderazgo, conciencia y responsabilidad hacia la asunción directa de la gestión de sus colaboradores/as, estimulando capacidades, al objeto de asegurar la adaptación a los cambios que se están produciendo.

Autoliderazgo:
Y sin embargo el verdadero liderazgo empieza por liderarse. El emprendizaje, la gestión de equipos/personas y la promoción del desarrollo de las empresas, está condicionada por el propio proceso de desarrollo personal y por la adquisición de los conocimientos, actitudes y comportamientos que determinan nuestras competencias.

Dicho en plan burdo: “si no hay mata no hay patata”. En palabras más ilustres del genial Dee Hook: “Como es adentro se es afuera y esto nos señala que hacemos lo que somos. La responsabilidad más importante de cualquiera que intente dirigir lo que sea, es gestionarse  a sí mismo como persona”

Conciencia y responsabilidad:
Estas dos distinciones, conciencia y responsabilidad,  son claves, a mi juicio, en el Coaching individual. Tener conciencia es conocer lo que está ocurriendo a nuestro alrededor; es conocer lo que uno está experimentando o sintiendo. Se trata también de facilitar un proceso para aceptar, elegir y asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, emociones y acciones. Y como dice un amigo mío brasileiro todo esto es muy “fudido” y como me gustaría tratar en un post futuro nada es tan sencillo.

Enfoque integral y ecléctico: 
Que el Coaching es un acompañamiento para el desarrollo de las potencialidades no es nuevo. Por diferentes razones siento más afinidad a las concepciones francesas del Coaching. Vincent Leenhardt y Alain Cardon son mis autores de referencia. Las obras y propuesta del inglés, Sir Wihtmore, también las he integrado en este enfoque. Así como algunas de las técnicas y supuestos que  han adoptado quienes promueven el llamado Coaching ontológico. Destaco también destaco a Fred Kofman y los  principios recogidos en su triología  “metamanagement”. Y en la coctelera, y en coherencia con mi formación como Psicóloga Clínica Gestáltica y Sistémica, no puedo olvidar el que para mi es el gran coach y una de mis fuentes principales en estos momentos: Otto Scharmer y los supuestos de la teoría U, así como los principios y habilidades de patrocinio positivo que promueve el Doctor Stephen Gilligan.

En virtud de todo ello entiendo por Coaching el acompañamiento de una persona o equipo en su funcionamiento actual, considerando de forma especial su potencial. Es un proceso basado en la voluntad de que la persona acompañada crezca, de que aumente su autoestima y se sienta más capaz de enfrentarse al mundo con fuerza, con solidez, con inteligencia, con conciencia de perseguir sus valores de una manera íntegra. Desde esta perspectiva el Coaching es una manera de dirigir, de tratar a las personas, una manera de pensar en ser.

En próximas entradas compartiré mi propuesta de mapa de ruta. Creo que no existe una única manera de poner en práctica el Coaching. Porque ningún mapa puede reflejar la variedad infinita de posibilidades de interacción humana. Y porque somos deliciosamente tan imperfectos y diferentes, algunas personas tenemos trabajo.

Desde aquí gracias a todas las personas que me están permitiendo acompañarles en el camino de ser, hacer y tener y que están contribuyendo  a mi propio desarrollo personal y profesional.

Feliz fin de semana.

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Fotografía: autoría propia
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